
No logro hilvanar el hilo de mis calendarios
que cansados y amarillentos de viejos,
no permiten devolver cada uno de los días
en que nuestros hijos han vagado
en la espera de besos y abrazos
en el triste peregrinar en mundos
inexistentes de caricias y entregas.
Donde el tránsito obligado en otros rumbos
con oleajes de otros mares,
han dejado un vacío y solitario
naufrago errante del desierto.
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